domingo, 24 de agosto de 2014

La Edad de Oro del Software Español en el C64: Topo Soft

Hace unos meses comenté algunos de los juegos de Dinamic a los que más he jugado en C64, en un par de artículos que están aquí y aquí, aprovechando que acababa de leer Ocho Quilates. En este artículo repasaré varios lanzamientos de Topo Soft, la compañía nacida en el seno de la importante distribuidora de videojuegos Erbe que dirigía entonces Paco Pastor. Topo no fue tan generosa en sus lanzamientos para nuestra panera como Dinamic, aunque sí para las otras máquinas de 8 bits, pero nos proporcionó algunos títulos que merecen mucho la pena, y que bajo mi punto de vista eran generalmente más jugables que los de los hermanos Ruiz. Vamos a repasarlos...

Silent Shadow (1988)
A esto le pones un "Rock you like a hurricane" de BSO
y queda...
Siempre he tenido la sensación de que este título, con algún que otro pequeño cambio, podría haber tenido más éxito que el que tuvo. Llegó a mis manos en el famoso pack Erbe 88 que muchos tendréis. Es un shoot'em-up de desarrollo lateral para uno o dos jugadores con unos scrolls horizontal y vertical muy suaves (sí sí, un juego lateral de navecitas para C64 con ambos scrolls, similar al X-Out), unos buenos gráficos -quizás se mezclan en ocasiones los colores de escenario y disparos-, una dificultad bien ajustada y mucha acción a gran velocidad. La mayor pega que le pongo es que la música, lenta y tirando a la balada, no tiene nada que ver con la temática de un juego tan frenético. Pero vale mucho la pena, si no lo habéis probado nunca, ya tardáis. Un detalle para los rockeros: ¿a qué banda os recuerda el tipo de letra de esos "SCORE"?

Mad Mix Game (1988)
Que noooo, que no es el Pac-man, ¿no ves que tiene
patas?
Otra joya del pack Erbe 88 que estuvo a punto de ser el juego de acompañamiento de la Game Boy. Imaginaros el pelotazo que hubiese pegado Topo. El éxito del juego involucró a Pepsi con una campaña promocional, de ahí la publicidad en el juego. Mad Mix Game es un clon del clásico Pac-man (diría mejor del Pacmania) "tuneado" para desmarcarse del original. Algunas de las mejoras son power-ups que nos convertirán en hipopótamo, excavadora o caza de combate (dispara a los fantasmas al estilo Space Invaders, muy original), zonas de recorrido automático, puertas o los pies que tiene nuestro protagonista. Especialmente destacable es el tema del menú principal, una melodía popera de Gominolas muy pegadiza. Muy recomendable.


Chicago's 30 (1988)
Acabar con la mafia en este juego es realmente
difícil...
El tercer y último juego español que venía en el Erbe 88 para C64 (otras versiones venían con los 5 juegos hispanos). Ambientado en la época de Capone y Elliot Ness, aquí somos un policía que, armado con su metralleta Thompson, deberá abrirse paso por diversos escenarios como el muelle de un puerto o las calles de una ciudad montado en un coche, disparando a todo mafioso que le aparezca. De gráficos sencillos pero muy efectivos y muy bien ambientado (fijaros en ese pianista de cine mudo), su principal problema es su elevada dificultad, que lo hace muy frustrante. De nuevo la música de Gominolas sobresale.


Emilio Butragueño ¡Fútbol! (1988)
Se va Míchel por la banda y... deja en paz a
a Valderrama,¡hombre!
El equipo de Javier Cano trató de clonar el clásico arcade Tehkan World Cup y se quedó a medio camino. Emilio Butragueño copia la perspectiva cenital y la rápida velocidad de desarrollo del juego de Tehkan, pero varios bugs (sprites que aparecen y desaparecen o ese portero que se pone a hacer paradas cuando tiene que sacar) y sobre todo el hecho de que sólo podamos jugar un partido sin posibilidad de hacer competiciones le resta muchos enteros. Eso sí, el modo de 2 jugadores es muy muy adictivo y puede generar piques muy interesantes. Y sus músicas valen mucho la pena. En su día fue todo un (pausa estilo Matías Prats)... pelotazo. Se vendió como churros.


Metrópolis (1989)
"Vaya por los dioses, pensaba que me había
bajado en la planta de caballeros."
Reconozco que este juego lo descubrí hace pocos meses y me llevé una sorpresa agradable, ya que pensaba que sería un truño y no lo es. Sin ser ninguna maravilla, este arcade lateral que mezcla personajes de estilo mitológico con escenarios modernos, es entretenido y está bien hecho, aunque su sistema de control es mejorable y se echa de menos algún que otro power-up. Sus gráficos son muy coloridos aunque algo pixelados, tiene buenos efectos sonoros y otra genial banda sonora del gran Gominolas. En Metrópolis el argumento es lo de menos. Debemos avanzar pantalla tras pantalla (aquí no hay scroll) repartiendo mamporros a todo ser bípedo que nos entorpezca el camino. Merece pegarle un tiento para leer alguna que otra vez el "Fallaste miserablemente" que sale cuando nos matan.


Gremlins 2 (1990)
Recuerda no mojarlos, no darles de comer y no
mirarles a los ojos... no, eso era para los lobos.
El último título que publicó Topo para nuestra máquina fue una videoaventura, y curiosamente fue una licencia cinematográfica, algo muy poco frecuente en nuestra industria del videojuego. El juego tiene un desarrollo parecido a Metrópolis, es decir, vemos la acción lateralmente pantalla a pantalla, con bonitos y coloridos gráficos, buenas animaciones, pero una dificultad muy alta. La música es un calco de la banda sonora de las películas, y los efectos de sonido son correctos. En su día tuvo un relativo éxito gracias a la película y a que se hicieron versiones para múltiples máquinas de 8 y 16 bits, aunque algunas de estilo muy distinto a ésta, como la de NES. Pasable.

En la próxima entrega nos iremos a la Ópera (mira que soy original, ¿eh?).


Salu2, Paco.

sábado, 2 de agosto de 2014

30 años con el Commodore 64 (II)

Continuamos mi periplo por el mundo commodoriano por donde lo dejamos, a mediados de los 80. Como le pasó a tanta gente, en las revistas del sector que entraban en mi casa (Commodore Magazine y Commodore World) se anunciaban muchos títulos cuyo prohibitivo precio hacía que fuera difícil comprar más que uno o dos al mes.
El datassete del C64, fuente de diversión y de algún que otro dolor de cabeza.
Así que recurrimos a los señores del parche en el ojo para obtener juegos a un precio más asequible. Gracias a la piratería pudimos cargar juegos como el peliculero Rambo, Commando, HyperSports (este casi nunca cargaba, pero como no tenía garantía...), el curioso Kawasaki Rythm Rocker, el adictivo Kung Fu o el Pitstop II, que en casa rebautizamos como "Scalextric" porque teníamos uno con los coches rojo y azul de seis ruedas y aquello se parecía, y al que le dimos mucha caña mi hermano y yo. Muchos de estos juegos venía con su trainer, es decir, su menú para elegir vidas o armas infinitas, lo que te evitaba el recurrir a trucos o pokes para pasártelos.
Una de mis primeras compilaciones piratas en cinta, quitando las de Star, claro. 
Pero la verdadera revolución fue la adquisición de una unidad de disco Commodore 1541 alrededor de 1988 por unas 25.000 ptas de la época. Muchísimo dinero. Casi más que lo que costaba el propio C64. Pero era un periférico muy potente, que contaba con su propia CPU CMOS 6502 y su sistema operativo de disco (DOS). Mi padre llegó a comprar un manual de la mítica Data Becker sobre este aparato, pero nunca llegamos a aprovecharla del todo, demasiado complejo.
La potente unidad 1541.
En el plano puramente lúdico, la 1541 supuso la llegada a nuestro hogar de decenas de títulos que no solían venderse en formato disco en nuestro país, aunque en el Reino Unido, EE.UU. o Alemania era un periférico habitual (aquí reinaban las cintas de cassette, un soporte que muchos parecen venerar ahora, olvidando los dolores de cabeza, dudosa fiabilidad y tiempos perdidos en largas cargas que nos hacían sufrir). Todos, absolutamente todos, piratas, claro. Y así llegaron el magnífico Samurai Warrior, el Colossus Chess (en casa tuvimos fiebre por el ajedrez durante unos años), los adictivos y deportivos Summer Games I y II, el gran Target Renegade, las conversiones de Pacmania o Wonderboy o el que para mi es el mejor juego de fútbol creado nunca para el C64 y al que nos enganchamos tanto en casa que nuestras notas escolares se resintieron por su culpa: Microprose Soccer. Los juegos cargaban más rápido (tecleando el conocido LOAD "*",8) y pocas veces fallaban.
Un par de disquetes cargados de títulos clásicos.
Respecto a los joysticks, nuestro 1311 duró poco, por lo que adquirimos un par de los famosos QuickShot II, que si bien tenían un diseño muy atractivo y un autofire útil en muchos shoot'em-ups, ciertamente duraban bien poco. De vez en cuando mi padre cogía los "microinterruptores" (por llamarles de alguna manera) supervivientes del viejo 1311 y los colocaba en nuestros QuickShots -en una operación que él llamaba "desvestir a un santo para vestir a otro"-, pero cuando se agotaron, decidí seguir las instrucciones de una antigua Commodore World que explicaba cómo crear tu propio gamepad y creé uno casero, pero aquello no era lo mismo que una palanca y no nos acostumbramos nunca. Por fortuna dejamos de sufrir cuando en 1991 mi padre nos compró en Barcelona un par de MHT Ingenieros que serían ya nuestros últimos joysticks para la panera. Tenían un diseño robusto, resistente y muy ergonómico, dos botones de fuego y unos microinterruptores que, con el adecuado mantenimiento periódico (uséase, limpieza de contactos), eran prácticamente eternos.
Los gamepads también estaban disponibles para el C64, y los podías hacer tú mismo.
De hecho, este modelo me gustó tanto que, cuando tuvimos un PC en casa, lo volví a comprar pero para estas máquinas, aunque no funcionaba igual de bien, ya que había que calibrar los ejes XY continuamente o perdía precisión.
La bestia hispana: mi amado joystick MHT Ingenieros.

En el próximo capítulo: el teletexto y los intercambios, y más revistas.


Salu2, Paco.