lunes, 23 de marzo de 2015

30 años con el Commodore 64 (IV y final)

Termino con este artículo el resumen de mi historia con el C64, desde que tuve mi primer modelo allá por 1984 hasta el día de hoy. Nos quedamos en el ocaso del C64, allá por 1994...

En aquella época seguía jugando al Commodore pero cada vez menos. Entre que el hardware comenzaba a fallar (problemas al leer cintas y discos y fallos internos en los dos Commodores que teníamos por casa), que sacar el C64 y conectar los periféricos con todo su cableado para jugar suponía una molestia para el resto de mi familia por lo aparatoso del asunto, y que las posibilidades del PC, tanto las lúdicas como las más constructivas (trasteo con el sistema operativo, programación, trackers musicales, programas de edición gráfica, etc), me atraían cada vez más, el jugar a los clásicos de 8 bits en la máquina real se terminó casi sin darme cuenta. Y así, un día guardé los Commodores, sus periféricos y los juegos en el mueble de la tele de la salita y ahí se pegaron años y años...
Este anuncio de la Micromanía 78 me abrió la puerta al mundo de la emulación.
Pero ahí no terminó mi historia commodoriana (bueno, con las máquinas físicas puede). Un día, leyendo la Micromanía, descubrí un minúsculo anuncio de un emulador de C64 para PC que se vendía por correo (luego resultó ser el C64S). Aquello me dejó alucinado: podría seguir jugando a mis juegos de C64 en mi PC independientemente de si el hardware original funcionaba o no. A decir verdad, por entonces ya existía la emulación, por ejemplo de PC (286, eso sí) sobre Amiga, pero yo no estaba muy familiarizado con todo aquello. Así que hice el pedido y recibí el programa y algunos juegos en diskettes al cabo de unas semanas. Lo instalé y flipé: ¡"mi C64" revivía! La emulación no era perfecta, pero los juegos funcionaban bastante bien. El problema es que venía con pocos juegos, aunque traía las instrucciones para montarte un cable para conectar la diskettera al PC por puerto paralelo y convertir los diskettes de 5" y 1/4 a formato D64. Monté el cable, lo conecté al PC y a la diskettera (recuerdo que mi padre me dijo "ten cuidado con eso a ver si te cargas el PC al conectarlo"), metí un diskette, lo encendí todo, ejecuté el programa de conexión y... nada. Por mucho que revisé el cable, nunca conseguí comunicar PC y diskettera. Así que durante una temporada no tuve más juegos que los que venían con el emulador.
CCS64, PC64 y C64S, mis primeros emus de Commodore 64.
Más adelante, ya en la universidad, y gracias a ese novedoso invento llamado internet, descubrí el protocolo ftp, los servidores ftp, y lo mejor de todo: el inmenso catálogo de juegos de C64 que se guardaba en algunos servidores ftp como Arnold (que por fortuna sigue activo a día de hoy) o FUNet. Cuando podía tocar un PC conectado a internet (en las aulas de libre acceso o incluso en horas de clase, lo que me costó alguna bronca bien ganada de algún profesor), aprovechaba para llenar unos cuantos diskettes con juegos que luego probaba en casa en emuladores como CS64, PC64 (este no tenía emulación real de diskettera, pero iba muy rápido) o un CCS64 que era mi favorito entonces por lo bien que emulaba. Así, primero conseguí todos los juegos que tenía en formato físico en mi C64 "real", luego bajé clásicos ansiados que nunca había probado (Pirates! me enganchó mucho tiempo, Alien 3 me lo pasé con trainers, los Turrican, Winter Games, Archon, Rainbow Islands, First Samurai o el gran R-Type), y cuando tuvimos conexión de internet en casa, me bajé colecciones enteras de servidores ftp, tratando de tener prácticamente todo juego comercial publicado para la panera (aunque a día de hoy suelo toparme con clásicos que no tengo).
Algunos de los sitios que contribuyeron (y lo siguen haciéndo) a mantener la llama del Commodore 64 encendida.
Actualmente, para emular el Commodore uso Vice, un emulador con múltiples opciones y multiplataforma que tengo la sana costumbre de instalar en todo dispositivo electrónico que cae en mis manos y que lo permite (ordenadores, móviles, consolas portátiles y de sobremesa, etc). Respecto a las máquinas reales, una de ellas -el C64c- está en manos del bueno de Spiral World que está tratando de revivirla, pero conseguir chips de memoria baratos está complicado. Con la otra -el C64 clásico- estoy cometiendo un "sacrilegio" que cuando tenga terminado documentaré aquí: lo estoy convirtiendo en un PC multisistema que emulará máquinas de 8 bits (C64, Amstrad CPC, ZX Spectrum y MSX) y 16 bits (Amiga, Atari ST, MS-DOS, MegaDrive y Super Nintendo) gracias a ese maravilloso invento llamado Raspberry Pi y al adaptador de teclado Keyrah.

Y hasta aquí la historia commodoriana de este abuelo cebolleta. Como siempre, espero vuestros comentarios ;-)


Salu2, Paco. 

3 comentarios:

  1. Linda historia :)

    En mi caso, durante muchos años el C64 se quedó en el pasado, como algo que añoraba pero que había dejado atrás.
    De vez en cuando caía algún emulador pero era algo temporal que quedaba en el olvido.
    No fue hasta pasado el 2005-7 que volví a caer en lo retro, por suerte :)

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    Respuestas
    1. Yo también tuve temporadas de no jugar a nada del C64, allá por los 2000, pero no duraban mucho y volvía a cargar juegos, sobre todo nuevos, de los que no conocí en físico.

      Yo también quiero volver al C64 "real", espero no tardar mucho ;-)

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    2. Yo también tuve temporadas de no jugar a nada del C64, allá por los 2000, pero no duraban mucho y volvía a cargar juegos, sobre todo nuevos, de los que no conocí en físico.

      Yo también quiero volver al C64 "real", espero no tardar mucho ;-)

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